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Ayudar a evitar la discriminación del VIH

Nuestra mejor arma contra la diseminación del VIH ha sido y seguirá siendo, la educación. El objetivo principal de esta educación es prevenir o cambiar los comportamientos que puedan exponer una persona al VIH.

Se ha descubierto que los programas de educación en salud que ofrecen mensajes cortos, sin coordinación y basados en el miedo al VIH y SIDA, son inefectivos en lograr evitar este comportamiento. Para lograr promover comportamientos saludables permanentes, los estudiantes deben recibir mensajes repetidos que demuestren las conexiones entre el comportamiento personal elegido y su salud. Este tipo de programa integrado de educación sobre la salud, enfatiza el mantener el bienestar general de los estudiantes, no sólo en lo que se respecta al VIH, sino también a otros problemas de la salud. Algunos estudios han demostrado que sólo programas de educación en salud bien planificados, en secuencia, repetitivos, continuados y apropiados para la edad específica del grupo, serán efectivos para lograr comportamientos saludables.

El tipo de programa que resulta exitoso incluye mucho más que la información básica acerca de los hechos de la enfermedad. Para que los programas sean exitosos, a los estudiantes se les debe dar amplia oportunidad en el salón de clase para practicar las destrezas que los pueden mantener saludables, incluyendo aquellas que les ayudan a resistir la presión de grupo y a desarrollar su autoestima. Un estudio sugiere que para que un programa de esta naturaleza sea exitoso, los estudiantes deben recibir un mínimo de 50 horas de educación en salud anualmente.

También es importante que los programas en el salón de clases sean reforzados en la escuela y en la comunidad, con servicios de salud integrados y con un ambiente saludable en la escuela. Estos factores complementarios institucionalizarán en la escuela y en la comunidad, aquellos conceptos aprendidos en las clases de salud, haciendo que los patrones saludables de vida sean parte integral de la vida cotidiana de los estudiantes y los maestros. (Para mayor información acerca de programas escolares comprensivos de educación en salud, comuníquese con los Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades/División de Salud Escolar y del Adolescente, la Asociación Americana de Salud Escolar, el Centro Nacional para la Educación en Salud o el Departamento de Educación en su estado. Esta información aparece en la Sección sobre recursos disponibles en la parte trasera de este folleto).

Programas educativos de este tipo pueden dar resultados notables. Por ejemplo, programas intensivos de educación en las comunidades homosexuales en los Estados Unidos han aumentado la adopción de comportamientos mas saludables. Esto ha reducido la frecuencia de comportamientos arriesgados entre hombres homosexuales y ha disminuido radicalmente el aumento de casos nuevos de VIH en algunas áreas. Hasta el día de hoy, ha sido más difícil el influir a través de programas educacionales a gente que tiene el hábito de compartir jeringuillas o agujas. Más aun, muchos heterosexuales todavía se niegan a creer que pueden contraer el VIH y continúan manteniendo conductas altamente arriesgadas.

 
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